BORROSO

BORROSO
Víctor Arregui, guionista, fotógrafo y director de cine, ha conformado un pequeño crew de filmación con algunos de sus amigos más cercanos y les ha propuesto que lo acompañen en un viaje autobiográfico.
El punto de partida es su deseo de revelar el secreto que ha llevado a cuestas desde hace treinta años. Siendo un joven militante del Partido Comunista, Víctor fue víctima de una brutal agresión a manos de un grupo de hombres uniformados que lo golpearon, sodomizaron y abandonaron en el fondo de una quebrada. Víctor llegó a un hospital desnudo e inconsciente y recuerda que al salir de allí sintió cómo poco a poco se cerraban las posibilidades de encontrar alguien a quien contar lo que le había sucedido. Sus compañeros de partido ni siquiera se habían inquietado ante su ausencia. Su novia era muy joven y tuvo miedo de que no lo entendiera y lo despreciara. Sus amigos lo juzgarían. Sus hermanos eran mucho mayores y tenían ya suficientes problemas, y sus padres eran dos jubilados cansados de criar hijos a quienes la noticia les habría causado un daño terrible. ¿Qué podrían entender ellos del miedo al SIDA o del miedo a que le comenzaran a gustar los hombres, dos de los fantasmas que lo atormentaban y que lo acompañaron por muchos años? Decidió callar y la violencia se convirtió en su secreto. Esta memoria aflora en el filme a medida que Víctor encuentra a sus amigos de militancia en el partido, a sus hermanas, a sus hijos, a su ex-esposa. Ha cumplido 55 años y está esperando que la Seguridad Social lo declare oficialmente “enfermo catastrófico”, lo que le permitirá cubrir el costo de los medicamentos que necesita para la isquemia cardiaca que padece. Sus arterias se cierran obstinadamente sin importar cuánto se cuide en la dieta o el ejercicio. Ha tenido dos infartos en los últimos años. Al volver a mirar las películas que ha escrito y dirigido – cuatro largometrajes y dos cortometrajes de ficción– Víctor comprende que el peso de cargar con ese secreto fue la principal motivación que tuvo para hacerlas. El cine fue la única salida que encontró para desahogarse. Aunque son historias de ficción, de alguna manera aluden a su vida: la primera se titula “Fuera de juego” y la segunda “Cuando me toque a mí”, en alusión a los cadáveres que examina un médico legista.
Al mirar esas películas Víctor tratará de identificar –para después filmar– las imágenes faltantes, aquellas que no ha puesto en escena y que darán cuenta de los motivos de su silencio.
Víctor Arregui, guionista, fotógrafo y director de cine, ha conformado un pequeño crew de filmación con algunos de sus amigos más cercanos y les ha propuesto que lo acompañen en un viaje autobiográfico.
El punto de partida es su deseo de revelar el secreto que ha llevado a cuestas desde hace treinta años. Siendo un joven militante del Partido Comunista, Víctor fue víctima de una brutal agresión a manos de un grupo de hombres uniformados que lo golpearon, sodomizaron y abandonaron en el fondo de una quebrada. Víctor llegó a un hospital desnudo e inconsciente y recuerda que al salir de allí sintió cómo poco a poco se cerraban las posibilidades de encontrar alguien a quien contar lo que le había sucedido. Sus compañeros de partido ni siquiera se habían inquietado ante su ausencia. Su novia era muy joven y tuvo miedo de que no lo entendiera y lo despreciara. Sus amigos lo juzgarían. Sus hermanos eran mucho mayores y tenían ya suficientes problemas, y sus padres eran dos jubilados cansados de criar hijos a quienes la noticia les habría causado un daño terrible. ¿Qué podrían entender ellos del miedo al SIDA o del miedo a que le comenzaran a gustar los hombres, dos de los fantasmas que lo atormentaban y que lo acompañaron por muchos años? Decidió callar y la violencia se convirtió en su secreto. Esta memoria aflora en el filme a medida que Víctor encuentra a sus amigos de militancia en el partido, a sus hermanas, a sus hijos, a su ex-esposa. Ha cumplido 55 años y está esperando que la Seguridad Social lo declare oficialmente “enfermo catastrófico”, lo que le permitirá cubrir el costo de los medicamentos que necesita para la isquemia cardiaca que padece. Sus arterias se cierran obstinadamente sin importar cuánto se cuide en la dieta o el ejercicio. Ha tenido dos infartos en los últimos años. Al volver a mirar las películas que ha escrito y dirigido – cuatro largometrajes y dos cortometrajes de ficción– Víctor comprende que el peso de cargar con ese secreto fue la principal motivación que tuvo para hacerlas. El cine fue la única salida que encontró para desahogarse. Aunque son historias de ficción, de alguna manera aluden a su vida: la primera se titula “Fuera de juego” y la segunda “Cuando me toque a mí”, en alusión a los cadáveres que examina un médico legista.
Al mirar esas películas Víctor tratará de identificar –para después filmar– las imágenes faltantes, aquellas que no ha puesto en escena y que darán cuenta de los motivos de su silencio.